CÓMO ENCONTRAR TU PROPÓSITO

Todos hemos pasado por esa etapa entrenando en la que nos falta un objetivo que seguir. Nos hemos cansado de entrenar  persiguiendo unos resultados inalcanzables basados en los criteriosde otras personas o de buscar la validación exterior.  Y entonces hemos tomado una decisión, entrenar exclusivamente por gusto. Sin metas ni objetivos. 

Sin embargo, con el paso del tiempo hemos ido notando como se apaga en nosotros esa llama interior. Estamos entrenando, haciendo aquello que nos gusta, pero aún así sentimos que nos falta algo. Ese algo es el propósito.

Tener un propósito con nuestro entrenamiento se convierte en una tarea fundamental porque de lo contrario nos será difícil mantener el hábito cuando las cosas se pongan difíciles. Y créeme, las cosas se pondrán muy complicadas. Desmotivación, pereza, lesiones o falta de tiempo son sólo algunos de los monstruos a los que nos toca enfrentar como atletas. Nuestra mayor arma para enfrentarlos es el propósito; tener un por qué tan grande que pueda contra cualquier cómo. Hoy vamos a aprender a cómo definirlo.

Si ya llevas mucho tiempo entrenando lo sabrás, sino te lo adelanto, existen múltiples maneras de enfocar nuestro entrenamiento en base a los resultados que buscamos. A muchos, nos comenzó atrayendo el entrenamiento porque es una manera efectiva de influir en la forma en la que los demás nos valoran (o al menos eso creemos), a otros les pareció una buena vía para superarse y medirse con los demás. Sea cual sea tu caso, lo cierto es que todas estas vías deben de ser consideras a la hora de establecer nuestro propósito. Pero es mejor hacerlo de forma conjunta en lugar de por individual. Así cimentaremos un por qué mucho más sólido y coherente con nuestras diferentes fuentes de interés. 

Por lo que vamos a forjar nuestro propósito ahondando en nosotros mismos, respondiendo unas preguntas. Cada una de estas preguntas formarán un círculo de influencia. El punto en el que se cruzan estos cuatro círculos se convertirá en nuestro propósito. 

1º Círculo: ¿Qué imagen quieres proyectar al mundo?

Aquí debemos tener especial cuidado con una distinción. Por un lado tenemos la imagen que los demás interpretan de nosotros cuando nos ven o conocen. Esta interpretación es completamente personal y subjetiva, cada cual tendrá la suya propia. Está influenciada por las propias creencias de la persona, su experiencia de vida, sus juicios, etc. Por lo que es algo que queda ajeno a nuestro control y no deberíamos de posicionarlo como un objetivo personal ya que nos conducirá a perseguir la validación externa en lugar de nuestra propia aceptación. 

Por otro lado tendríamos la imagen que queremos proyectar al mundo, esta es impersonal, no va dirigida a nadie en específico. Ni el criterio de nadie exterior a nosotros puede ser el que determine si la hemos logrado o no. Esta imagen está determinada por nuestro propio criterio y basada en la persona que queremos ser. 

Puede que quieras lucir como una persona musculosa y fuerte o puede que quieras lucir más delgado y atlético. No pongas la lupa sobre lo que el resto opina de esta imagen sino sobre cómo tú mismo deseas lucir. 

 

2º Círculo: ¿Qué quieres demostrarte a ti mismo?

Muchas veces perdemos el tiempo tratando de impresionar a personas que no importamos o no nos valoran.  Para ello, nos comparamos con el resto y elegimos en qué faceta vamos a tratar de superarlos. Esto nos lleva a estar continuamente comparando nuestros resultados con los de los demás y poniendo el foco, de nuevo, hacia fuera en lugar de hacia dentro.

Con esta segunda pregunta vamos a plantearnos qué nos gustaría demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de lograr. Obviando que otro lo haya hecho antes o no, o el tiempo en el que lo haya logrado, o que haya otra persona que lo haya hecho mucho mejor. Lo importante es que sea algo que nosotros ahora mismo no somos capaces de hacer y que la idea de convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos capaz de lograrlo nos estimule.

 

3º Círculo: ¿Qué disfrutas haciendo?

Uno de los factores más importantes con el entrenamiento es que sea una actividad que disfrutas haciendo. Con esta pregunta identificaremos aquellas facetas del entrenamiento que más nos gustan.

Puede que si estás empezando me respondas que a ti no te gusta practicar ningún deporte. Permíteme dudar que hayas probado todas las formas de entrenamiento existentes. Pero es cierto que al inicio, cuando venimos de estar muy acomodados y cualquier actividad física nos supone un esfuerzo inmenso, es complicado disfrutar entre tanta incomodidad. En este caso, vamos a tratar de poner el foco sobre el bienestar que sentimos cuando ya hemos terminado el entrenamiento y estamos recuperándonos. Poco a poco, nuestro cerebro irá ligando esa sensación de satisfacción con la actividad que la despierta e irá haciéndola más atractiva para nosotros.

Otra herramienta útil es preguntarnos ¿qué disfrutamos viendo? Aunque no siempre es así. Hay veces en las que disfrutamos viendo un deporte, pero no disfrutamos practicándolo. Por ejemplo, puede que disfrutes mucho de ver un combate pero que lo último que quieras sea llevarte golpes en cada entrenamiento. Sin embargo, puede que si disfrutes de entrenar como un luchador, enfocado en mejorar tu potencia, resistencia y fuerza. 

También puede que haya ocasiones en las que sí disfrutes entrenando ese deporte pero que tú mismo te cohíbas porque te sientas ridículo con tu nivel. Si este es tu caso, recuerda la segunda pregunta: pon el foco sobre lo que quieres demostrarte a ti mismo y no sobre lo que piensen los demás de tu desempeño.

 

4º Círculo: ¿Con qué fantaseas?

Quizás te sorprendas visualizándote a ti mismo en la piel de ese atleta mientras ves aquel partido, o quizás piensas en ello cada noche cuando te vas a dormir. Lo cierto es que todos hemos soñado con vernos a nosotros mismos cuando eramos niños. Pero las críticas de otros, o las de nosotros mismos, han pinchado estos sueños. Y ya siendo grandes, no nos hemos permitido volver a ilusionar con estas fantasías. Pero por qué dejar de soñar cuando somos grandes, nuestras fantasías se vuelven una excelente brújula sobre hacia dónde nos queremos dirigir en un mundo en el que la falta de propósito reina en nuestra generación. 

Quizás tú mismo te cohibas de comenzar con aquello que siempre te ha ilusionado porque sepas que ya es tarde para hacerte el mejor en ello. Pero, ¿qué importa? Quieres comenzar esa nueva actividad porque disfrutarías de ello al convertirte en el mejor o porque sabes que disfrutarías mientras lo practicas sin importar el resultado. Si tu respuesta es la primera, quizás sea que lo que te gusta verdaderamente es la aceptación social que tiene ser el mejor en algo, en lugar de practicar esa actividad sin importar el resultado  exterior.

Vamos con un ejemplo para comprender mejor cómo funciona este sistema.

1º¿Qué imagen quiero proyectar al mundo? Quiero lucir como una persona atlética y sana. Que mi físico muestre que entreno pero no quiero lucir como un culturista. 

Esta primera respuesta ya me está dando una senda clara que tomar a la hora de entrenar y nutrirme, debo de hacerlo de manera balanceada utilizando alimentos reales que me den un físico sano. Tengo que preocuparme por cómo me alimento pero tampoco hasta el punto de pesar cada alimento que ingiero. Debo entrenar pesas para desarrollar mi masa muscular pero sin descuidar la movilidad y flexibilidad para no dejar de verme con un físico relajado.

 

2º ¿Qué me quiero demostrar a mí mismo? Que puedo mejorar mi estado físico actual, mejorar mi fuerza y resistencia. Quiero alcanzar los 100 kg en banca y correr una media maratón para mejorar mi salud cardiovascular.

Aquí estoy determinando unas metas claras a nivel de entrenamiento, debo partir mis entrenamientos con sesiones de fuerza y pesas frente a otras de carrera y resistencia. Teniendo unos objetivos claros con los que medir mis avances y preocupándome por mejorarme a mí mismo, no por las marcas de otros.

 

3º ¿Qué disfruto haciendo? Disfruto corriendo en la naturaleza y mejorando mis marcas en el gimnasio. Además disfruto nadando aunque no tanto como para basar mi entrenamientos en esto. 

Nuestra fuente de disfrute va en coherencia con nuestro objetivo por lo que será fácil disfrutar del entrenamiento. Además, consideraremos incluir de 3 a 4 sesiones de natación al mes para cumplir con ese deseo de nadar sin llegar a saturarnos. Podremos aprovechar estas sesiones para días de descanso activo. Siempre que tenemos un objetivo claro, todo cobra sentido.

 

4º ¿Con qué fantaseas cuando vas a la cama? Fantaseo con cruzar corriendo, sin camiseta y con un gran físico, aquella línea de meta de una distancia que antes no me veía capaz de recorrerla ni andando.

Imagina este punto con todo tipo de detalles porque será tu gasolina durante los días más difíciles. Confía en que podrás alcanzarlo.

 

De este modo, hemos sacado un propósito claro: entreno porque quiero mejorar mi salud. Y obtendremos una guía clara de los pasos que tenemos que dar para encaminarnos hacia ese objetivo: tendré que entrenar fuerza y resistencia para mejorar mi físico y salud, elegir alimentos sanos que me ayuden a recuperar y darle importancia a los días de recuperación para mejorar.